“Mi Hijo No Duerme Bien”

28 Agosto 2018 /

“Mi Hijo No Duerme Bien”

Todo se resume en la cantidad y calidad de su sueño

Primero, comencemos abordando cuatro de las palabras más codiciadas en la crianza de los hijos: “dormir toda la noche”, un término que la mayoría de los padres anhelan comprender, experimentar y sentir. Cuando dormimos, estamos en constante transición entre un sueño ligero y un sueño profundo (conocido como REM y no REM). Durante estos períodos de transición, experimentamos despertares parciales: cuando nos giramos, cuando reorganizamos nuestras almohadas o vamos al baño. Por lo tanto, dormir toda la noche en realidad se refiere a la capacidad de quedarse dormido de nuevo mientras se experimenta uno de estos despertares parciales. Esta capacidad, es lo que en realidad estamos tratando de enseñar a nuestros hijos cuando anhelamos que “duerman toda la noche”.

 

Cuando revisamos la cantidad y la calidad del sueño de un niño, debemos observar la duración de éste y el número de despertares que tuvo.  Una noche de diez horas de sueño sin disturbios es mucho más reconstituyente que una noche de 12 horas de sueño con múltiples despertares, ya que, en este caso, las propiedades reparadoras de un sueño ininterrumpido no se pueden experimentar al día siguiente. (Esto no aplica en recién nacidos).

 

Por ejemplo, algunos padres podrían preguntar: “¿Existe sueño reparador cuando mi hijo de 15 meses se despierta dos veces por noche, se toma tranquilamente una mamadera con leche y regresa inmediatamente a dormir?”. La respuesta es NO.  Un niño de 15 meses debería dormir de manera ininterrumpida durante 11.5 horas (el promedio para un niño de esa edad). De esta forma experimentará un sueño nocturno de calidad, lo que resultará al día siguiente en mejores estados de ánimo, una mayor capacidad para concentrarse y aprender, y una salud general mejorada.

 

Este concepto de calidad y cantidad de sueño también se aplica a las siestas: tres siestas de 20 minutos no son iguales a la potencia de una hora continua de siesta.

 

Algunas maneras de alentar a que tu hijo se vuelva a dormir en estos despertares, tanto en el día como en la noche son:

  1. Acuesta a tu hijo en su cuna o cama adormecido pero despierto
  2. Observa las ventanas de sueño que tiene tu hijo para evitar un estado de extremo agotamiento
  3. Responde a cada uno de sus despertares, ofrece seguridad

 

Ayudar a nuestros hijos (¡y a nosotros mismos!) a obtener la cantidad y calidad adecuada de sueño es uno de los mayores desafíos de la crianza de los hijos. Al observar los patrones naturales de tu hijo y al aprender a escuchar sus señales, vas a poder realizar cambios pequeños pero significativos que afectarán el bienestar de toda su familia. Combina eso con una adecuada nutrición, seguridad, estructura y amor y tendrás una gran fórmula.